domingo, 18 de diciembre de 2011

Tus pestañas


Y así fue como empezó todo. Tras la primera vez que vi tus pestañas no pude quitármelas de la cabeza, si no podía verlas en verdad las veía en fotografía. Y empezaron las conversaciones hasta las tantas de la madrugada aun sabiendo que al día siguiente había que madrugar para ir a clase. Empecé a echar de menos cada vez que te ibas y a tener el miedo de pensar en si algún día no estabas.

Ojalá pudiera seguir viendo tus pestañas y lo largas que parecían cuando se posaba el sol en ellas.

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