Y así fue como empezó todo. Tras la primera vez que vi tus pestañas no pude quitármelas de la cabeza, si no podía verlas en verdad las veía en fotografía. Y empezaron las conversaciones hasta las tantas de la madrugada aun sabiendo que al día siguiente había que madrugar para ir a clase. Empecé a echar de menos cada vez que te ibas y a tener el miedo de pensar en si algún día no estabas.
Ojalá pudiera seguir viendo tus pestañas y lo largas que parecían cuando se posaba el sol en ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario